Laguna de Mojanda- Otavalo-
Este complejo esta conformado por tres lagunas, la primera y mas grande conocida
como Caricocha o laguna macho que es origen volcánico, junto a esta laguna están
otras dos mas pequeñas, la Huarmicocha o laguna hembra y la
Yanacocha o laguna
negra, todas ellas lograrán transmitirle la tranquilidad de sus aguas y la vida
de su entorno.
leyenda
Había
pasado mucho tiempo desde que el terremoto había zarandeado Otavalo,
desbaratando casi por completo las casas y asustando a sus pobladores
hasta morir. Ni la iglesia de San Luis se salvó de la sacudida violenta
quedando semidestruida; los sobrevivientes culparon su infortunio a la
ira divina por el insolencia de sus hijos y entonces los confesionarios
fueron improvisados para que los pobladores y pobladoras declaren sus
pecados en búsqueda de reconciliación con el ser supremo y las promesas
de una vida casta, junto con los juramentos de no volver a meterse en
vida ajena fueron los compromisos de mayor garantía.
Pasados los
sustos y sabiendo que no solamente ellos fueron castigados por el
temblor fueron incitados a seguir adelante, volvieron a levantar sus
casas, unas con mejores fachadas junto a otras que parecían se
avergonzaban de su pobreza, y hasta la iglesia central empezó a ostentar
una torre nueva, esta vez construida sobre estupendas bases de piedra.
Comprometidos
con la fe y la imagen de la ciudad, las potestades, el cura y los
parroquianos hicieron cuotas, derramas y ofrendas además de someras
gestiones para rematar la torre con una campana de bronce que fue
negociada y trabajada en Quito.
Allá
viajaron por los caminos de Mojanda que fue en ese entonces ruta
exigida desde Pasto hasta Quito para comerciantes, viandantes,
estudiantes y aventureros. Se armaron de palos largos conocidos como
“guangas”, avíos de los más diversos sabores olores y colores propios de
la tierra, y partieron en busca de su cometido. A pie y a caballo
salieron Mojanda arriba los insignes de la localidad, los representantes
de la iglesia, los guambras maltones, los noveleros, los indios
guangueros que servirían de cargadores.
Temprano salieron,
Otavalo se miraba abajo en espera del regalo para su torre empapada de
una bruma que cobijaba en los meses de invierno al Valle del Amanecer.
Los comentarios de las matronas eran voz oficial para las sirvientas,
falsos espejismos para los apáticos, chismes para los farfullas y
veleidosos, mientras que ajenos del todo los guambras langarotes seguían
jugando a la rayuela en la plaza de tierra.
Los andariegos
entusiastas ya venían de regreso partiendo desde la capital, despuntando
los lomeríos de Pomasqui, los vericuetos, barrancos y arenales del “sal
si puedes”, abajo se veía el Guayllabamba como culebra que se escondía
entre matorrales y enaguas de cerros; más adelante el Chamanal con una
hilera de pencos salpicados de wiracchuros que adelantaban su vuelo a
medida que avanzaban los viajeros. Sobre los hombros de los indios
fortachones venía la campana. De tramo en tramo se cambiaba el
refuerzo de caballos que tiraban a manera de camilla, de nuevo al hombro
de los aventureros con la ayuda de palos largos en competición de
aguante, hombría y juventud.
Malchingúi fue su última tanda para
el descanso, más empujaba la ilusión de llegar pronto a casa que el
cansancio que los presionaba y se apresuraron de madrugada por la cuesta
de Mojanda. La mañana brillaba con un “sol de aguas”, los mortiños, los
motilones, gualicones, lucían apetitosos y engañosos junto al “shanshi”
que alucinaba con colores y manojos cargados de sensuales figuras. Ni
siquiera llegó el medio día y se desató un aguacero inmisericorde, el
camino se llenó de cochas tramposas y la tierra suelta se convirtió en
lodo que demoraba el avance del grupo, el temporal se empecinó con
venganza sobre las humanidades de los corajudos hombres que paso a paso
vencían las inclemencias.
La tarde había llegado más allá de la
mitad de su vida y la apariencia de la noche se hacía más innegable;
fueron las últimas claridades del día cuando llegaron arriba de la loma y
vieron coqueta a la “Laguna Chiquita”.
El rumbo pretendido se
volvió intransitable, el cielo retinto apenas era perceptible por una
pesada niebla que se escurría como presagio de mala suerte por entre las
pajas que chorreaban agua y más agua por sus cuerpos hechos de agujas.
Quien hacía de cabeza del grupo que entre todos sumaban más de la
veintena, decidió que harían frente a la noche y al frío cerca de los
4.000 metros de altura, amontonando sus equipajes a orillas de Caricocha
la -Laguna Grande - que ya tenía mala fama de ser laguna traicionera.
Para
quien tiene la costumbre de enfrentarse con las asperezas no es difícil
encontrar un lugar para pasar la noche. Como pudieron se hicieron de
una pequeña fogata en la que juntaban sus manos para aplacar el frío.
Improvisaron unas tiendas de campaña con lienzos untados con cebo de res
para que el agua resbalara a las que estiraron con sogas a manera de
techo natural. En el fogón arrimaron una caldera con agua de la laguna y
ramas de “sunfo” del páramo sumando unas generosas dosis de puntas para
contrarrestar el crudo ambiente y el soroche.
La lluvia había
calmado y la noche se volvió tinieblas, solo en dirección al Fuya - Fuya
se abría un claro entre las nubes donde se podían ver los luceros en la
inmensidad del páramo, mientras espíritus desconocidos sobrevolaban el
maltrecho campamento. Abajo los aventureros fueron acurrucándose uno
contra otro con olor de ponchos mojados y pronto fueron despojo del
sueño, el clima impávido, la altura, el trago y el cansancio se unieron
en sinfonía de ronquidos custodiando la campana dedicada a la iglesia
de San Luis en Otavalo.
El viento soplaba aparentando el lloro
de mujeres abandonadas, el frío acuchillaba los cuerpos como puntas
hirientes mientras oscuras formas acechaban desde varios rincones. Como
un pedazo de uña suspendida en el cielo la luna se mostraba esquiva
dejándose ver de cuando en cuando entre los nubarrones. Cerca de la
medianoche el último hombre se dejó domar por el sueño y la laguna
comenzó su empeño de despojar la carga defendida. Como encantamiento la
pesada campana abandonó el suelo y bamboleándose se retiraba hasta el
centro de la laguna pronunciando lastimeros repiques que se fueron
apagando al contacto con las heladas aguas hasta que se desvaneció.
Aquellos
hombres contaban después, que solo entre sueños sintieron que la
campana se perdía en la noche y que impotentes no pudieron despertase
para averiguar lo que pasaba. Lo cierto es que Caricocha se robó la
campana. Cuentan los mayores que desde entonces la laguna tenía por
costumbre desbarrancar mulas y peregrinos para robar su carga. El lugar
se volvió traicionero y lleno de chismes pavorosos llegando a cambiar el
rumbo por un sendero más largo bordeando el Fuya - Fuya por el lado de
Chiriyacu.
Un templado otavaleño defendido por otros valerosos,
decidieron acampar en lo alto del cerro distinguiendo como la engañosa
laguna sintiéndose espléndida y a cielo abierto se desnudaba solitaria
para ofrecerse por completo al sol. Ellos quemaron una gran piedra por
tres días seguidos con sus noches enteras y cuando fue luna llena,
apoyados por palancas de tronco hicieron rodar la candente roca cuesta
abajo, que como cabalgadura desbocada fue dando tumbos y tumbos,
tragando a grandes zancos las distancias y en un último salto increíble
rompió su espejo de luna con un sonido inconfundible de hierro caldeado
penetrando en el agua.
Fantásticamente se escuchó retumbar en la
noche un gruñido parecido a voz ronca de peñascos y cascadas que dijo en
quechua: “Ñavi chamusca, ñavi rrarray” –me han quemado el ojo-… Desde
entonces la laguna se volvió tranquila como ración generosa del paisaje
sin que se registren más desdichas.
Pero dicen algunos
aventureros, que en Mojanda, cuando es luna tierna y llueve
torrencialmente, a media noche, se escucha el talán – talán de una gran
campana llamando a misa desde las profundidades de la laguna.

Ubicación
Se encuentra en el límite provincial entre Pichincha e Imbabura, pasando la población de Pedro Moncayo a 17 km. al sur de Otavalo se encuentra el complejo lacustre de Mojanda que está en la cima del sistema montañoso del nudo de Mojanda-Cajas y ocupa el caldero del cráter del extinto volcán Mojanda.
Extensión
Esta laguna mide aproximadamente 2.15 Km. en sentido norte - sur y 2.75 Km. en sentido este - oeste.
Clima
La Laguna de Mojanda, se caracteriza por su clima que oscila entre los -2º C. en la noche.
Se encuentra en el límite provincial entre Pichincha e Imbabura, pasando la población de Pedro Moncayo a 17 km. al sur de Otavalo se encuentra el complejo lacustre de Mojanda que está en la cima del sistema montañoso del nudo de Mojanda-Cajas y ocupa el caldero del cráter del extinto volcán Mojanda.
Extensión
Esta laguna mide aproximadamente 2.15 Km. en sentido norte - sur y 2.75 Km. en sentido este - oeste.
Clima
La Laguna de Mojanda, se caracteriza por su clima que oscila entre los -2º C. en la noche.
Fauna
Referente a la fauna, podemos encontrar diferentes especies como: perdis de páramo, mirlos,
quilicos, quinde de cola larga, quinde real, quinde café, torcazas, pava de monte, lobo de
páramo, conejo de páramo, chucuri, zorrillo, zacha cuy, puma, entre otras.
En la Laguna existe la presencia de truchas es el principal atractivo para la pesca deportiva.
Especies en Extinción: El Cóndor.

En la Laguna existe la presencia de truchas es el principal atractivo para la pesca deportiva.
Especies en Extinción: El Cóndor.

Flora
En lo que respecta a la flora podemos observar diversas especies como: romero de monte,
chuquiragua, wicundo, achupalla, totora, caucho, chocho de monte, quishuar, zarcillejo,
puya fichana, paja, zitzi, arrayán, mora, cerote, yagual (árbol de papel), entre otras.
• Plantas Nativas: El pajonal propia de los paramos, licopodio y chuquiragua.
• Plantas Nativas: El pajonal propia de los paramos, licopodio y chuquiragua.
Actividades Turísticas
Las actividades turísticas que se puede realizar dentro de la laguna son: senderismo
alrededor de la laguna, caminatas por la zona lacustre, pesca deportiva, observación
de fauna, fotografía paisajística, campamentos de corta duración.




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